marzo 14, 2026
COP 30: EL FORO COMBONIANO EN BELÉM

COP 30: EL FORO COMBONIANO EN BELÉM

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En Belém do Pará, corazón amazónico de Brasil, se celebró —en los días previos a la COP30— una nueva edición del Foro Comboniano, un espacio de reflexión, escucha y discernimiento que reúne a misioneros combonianos, laicos, especialistas, líderes comunitarios y actores sociales comprometidos con la justicia socioambiental. El encuentro se convirtió en un punto de convergencia entre espiritualidad,
análisis crítico de la realidad y acción concreta frente a los desafíos que enfrenta la Amazonía y, en consecuencia, el planeta entero.

El Foro se desarrolló en un contexto marcado por la expectativa global ante la COP30, la Conferencia de las Partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, que tendrá lugar también en Belém. No fue casualidad la elección del lugar ni el momento: la presencia de los Combonianos y sus colaboradores en esta región quiso ser un gesto profético, una afirmación
de que las periferias —geográficas, humanas y ecológicas— deben ocupar el centro del debate mundial.

La COP30 será una de las cumbres climáticas más importantes de las próximas décadas. En ella, representantes de casi todos los países del mundo se reunirán para evaluar compromisos, acordar nuevas metas de reducción de emisiones y proponer estrategias frente a la emergencia climática. Que se celebre en Belém, en plena Amazonía, es altamente simbólico: nunca antes una COP había estado tan en contacto directo con uno de los ecosistemas más decisivos para la regulación del clima global. La Amazonía no es solo un “pulmón verde”; es un entramado vivo de culturas, pueblos, ríos, plantas, animales y saberes ancestrales que hoy se ve amenazado por la deforestación, la minería ilegal, el agronegocio intensivo, la contaminación de las aguas y la expulsión de comunidades. Por eso, hablar de la Amazonía es hablar de derechos humanos, de modos de vida, de identidad, de historia y de futuro. El Foro Comboniano asumió este trasfondo como horizonte de fondo: no se trataba simplemente de analizar una cumbre climática, sino de interpelar la conciencia del mundo desde la experiencia concreta de quienes habitan y defienden el territorio.

Inspirado por el carisma de san Daniel Comboni —“Salvar África con África”, podríamos hoy reformular: cuidar la Tierra con quienes la habitan y la aman— el Foro retomó la dimensión profundamente misionera que atraviesa la historia comboniana: estar donde la vida es más vulnerable. Las reflexiones recordaron que el trabajo misionero no puede separarse de la defensa de la creación.

Evangelizar hoy implica escuchar el clamor de la Tierra y el grito de los pueblos que sufren las consecuencias de un modelo económico extractivista. La misión, por tanto, adquiere un rostro ecológico, intercultural y profundamente solidario.

En las intervenciones se subrayó que no basta con denunciar la destrucción ambiental; es necesario proponer alternativas, acompañar a las comunidades, fortalecer procesos de educación ambiental, apoyar la organización popular y trabajar en red con otras congregaciones, iglesias, movimientos sociales y organizaciones de base.

Otro eje central del Foro fue la dimensión espiritual. La oración, la reflexión bíblica y el diálogo teológico acompañaron las sesiones de trabajo. Inspirados en la encíclica Laudato Si’ del papa Francisco, los
participantes reflexionaron sobre el llamado a una ecología integral, que vincula lo ambiental, lo social, lo económico, lo cultural y lo espiritual. No se trata de una espiritualidad abstracta, sino profundamente encarnada: una fe que se traduce en opciones concretas, en estilos de vida más sobrios, en comunidades más solidarias, en proyectos sostenibles y en un acompañamiento cercano a quienes sufren las consecuencias del cambio climático. La oración compartida, abierta a símbolos amazónicos y expresiones culturales locales, fue también un signo de respeto y valoración hacia la diversidad de espiritualidades presentes en la región.

El Foro subrayó insistentemente la importancia de la educación y la comunicación como herramientas fundamentales para la transformación. Se destacó el papel de las escuelas, parroquias, medios alternativos y proyectos comunitarios en la construcción de una conciencia
ecológica crítica.

Los participantes reconocieron que es urgente traducir los grandes temas internacionales —como la COP30 y el cambio climático— a un lenguaje comprensible para niños, jóvenes y familias. Solo cuando las personas entienden lo que está en juego pueden involucrarse activamente en la defensa de la vida.

En este sentido, la misión aparece también como una misión comunicativa: contar lo que sucede en los territorios, denunciar las injusticias, visibilizar experiencias esperanzadoras y generar redes de solidaridad global.

En la declaración final del Foro se insistió en que la crisis climática no es un problema local, sino global, y que las soluciones requieren un compromiso compartido. Se pidió a los gobiernos valentía política, a las empresas responsabilidad ética y a los ciudadanos coherencia de vida.

El Foro Comboniano en Belém fue, en este sentido, un signo profético: pequeño en número, pero grande en significado. Un espacio donde la fe y la justicia, la espiritualidad y la ecología, el Evangelio y la Amazonía se encontraron para recordar al mundo que todavía es posible cambiar de rumbo. Y mientras la COP30 captará la atención de líderes mundiales, el verdadero desafío será que sus decisiones no queden solo en documentos, sino que se traduzcan en transformaciones reales. El Foro Comboniano dejó claro que la misión no termina con un evento: comienza, precisamente, cuando la gente vuelve a su comunidad, a su barrio, a su río, a su selva.

Queridos lectores, este artículo quiere ser también una invitación: a informarse, a reflexionar, a orar, a actuar. Porque cuidar la Casa Común no es una tarea de unos pocos especialistas, sino una responsabilidad compartida, una misión que atraviesa fronteras, culturas y generaciones.