diciembre 7, 2025
Los retos y alegrías de la misión

Los retos y alegrías de la misión

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No cabe duda de que el Señor sigue confiando en uno. Después de 40 años como religioso misionero comboniano y 35 años como sacerdote, no queda más que decir gracias. Las fuerzas, la edad, los trabajos, la entrega y tantas otras cosas ya no son las mismas, pero la fidelidad y bondad de Dios siempre están ahí. Él se sigue fijando en mí para seguir con la misión que me ha encomendado y que yo libremente acepté.

Reconozco que no ha sido del todo fácil. He tenido pruebas, retos, dificultades, miles de sorpresas, aventuras, tristezas, alegrías y momentos grises y brillantes, pero él nunca me ha dejado solo. Cómo olvidar a tanta gente que Dios mismo ha puesto en mi camino: mis padres, mis hermanos, familia, amigos bienhechores, compañeros y un sinnúmero de fieles y personas que he encontrado en los diferentes lugares donde he estado compartiendo mi vida y mi fe… Si les hablara de todas y cada una de estas experiencias no terminaría, pero si me gustaría decir que aprecio y valoro cada una de ellas y las asumo como una gran bendición para mí. De todas he aprendido a crecer y a aceptar mis límites y a aceptar toda clase de retos y de pruebas.

MISIÓN DE COMALAPA, EN LA SIERRA DE ZONGOLICA

Después de tantas experiencias misioneras que tuve durante 29 años, en el año 2018 el Señor me concedió un nuevo reto: trabajar en una misión en la sierra de Zongolica, en el bello estado mexicano de Veracruz.

La parroquia, dedicada a san José, está situada en el poblado de Comalapa, perteneciente a la diócesis de Orizaba. Comalapa está rodeado de bellas montañas y acantilados; para llegar allí hay que viajar unas dos horas por carreteras sinuosas y de grandes pendientes. La parroquia de Comalapa está compuesta de 50 localidades o pueblitos y casi el 90% de su población es de origen nahuatl, aunque un buen número hablan el español. La población total suma unas 17,000 personas.

Les quiero compartir esta última experiencia misionera no porque sea más importante que las otras que Dios me ha concedido. La comparto porque aún está fresca en mi mente y porque ha representado una gran oportunidad para reinventarme y volver a conocer mejor las raíces de mi cultura y sus tradiciones. Así es, en la parroquia se sentía un ambiente sagrado, lleno de mucha fe, tradiciones, costumbres y ritos que aún se mantienen vivos.

Fue bonito recorrer los caminos, veredas y senderos a través de las montañas, para poder llegar a cada una de las comunidades, visitar a las familias en sus casas o atender a los enfermos. Cualquier celebración se convierte en fiesta, a la que todos están invitados a participar. Impresionante la cantidad y variedad de alimentos que preparan. Todos cooperan y alcanza para todos, incluso para llevar a casa.

RITOS Y CELEBRACIONES

Fue motivo de gran alegría y satis- facción vivir entre esa gente humilde y sencilla. Sus danzas y ritos enriquecían cada uno de nuestros actos litúrgicos y celebraciones. Cómo olvidar el Xochikoscatl o rito de purificación dada por los ancianos del pueblo, que te llenaban de incienso y te ponían un collar, una corona y un ramo de flores, que representan la dignidad, el respeto y poder para permitirte proclamar y celebrar sagradamente la Eucaristía. Es la bendición que te otorgan para entrar en el recinto sagrado.

También celebran el Xochitlali, un rito en el que se utilizan varios elementos, como comida (mole, tamales, sopa, tortillas y pan), bebidas (atole, café, champurrado, licor, tequila, cerveza etc.) y otras cosas. Todas estas ofrendas se meten en un pequeño hoyo después de haber rezado e invocado a Dios en la len- gua local. A continuación se cubre el hoyo con la misma tierra y se vuelven a poner flores. Este ritual se utiliza para pedir permiso al Creador por una nueva obra, por un año de bendiciones, para pedir perdón por situaciones adversas, para pedir la lluvia o por una buena cosecha.

Con todo esto demuestran una profunda y auténtica fe, que manifiestan orgullosamente a todos en sus comunidades. Aunque algunos no profesen la religión católica o estén alejados, no se pierden las fiestas y las grandes celebraciones.

Todo esto parece como un folkclor, pero para quien lo vive y experimenta constituye una gran riqueza y bendición porque logras renovarte y transformarte de una manera increíble. Me siento agradecido con Dios porque siento que todo esto me ha llenado de alegría, ha tocado mi vida y renovado mi vocación misionera.

También agradezco al obispo de Orizaba, Don Eduardo Cervantes Merino, que nos ha concedido seguir colaborando y llevando nuestro carisma comboniano en ese lugar y el haberme hecho sentir como hermano entre el presbiterio diocesano. Mi aprecio y cariño a todos esos fieles por haberme aceptado como uno de ellos. A pesar de mis limites, siento haber dado todo lo mejor de mí y haberme entregado en esa bella misión de Comalapa.

NUEVA MISIÓN EN COLOMBIA

Ya ahora que estoy más mayor, y cuando pensaba que me iba a dormir en mis laureles, recibí un llamado para salir a una nueva misión. Se me presentaron varias opciones y al final me propusieron ir a misionar a Colombia. Parece fácil, quizás porque es la misma lengua y con cosas más o menos similares a mi país mexicano, pero mirándolo bien también hay diferencias y nuevas cosas que aprender. Con todo esto, siento que el Señor me ha consentido, ha caminado a mi lado siempre y me da nuevos bríos para comenzar esta nueva aventura en Colombia.

Me han recibido de maravilla todos mis hermanos Combonianos que acá trabajan. Me siento en casa y como un niño aprendiendo y viendo con curiosidad y admiración todas las cosas, personas, lugares, historia, cultura y costumbres de este país.

Mi nuevo destino es la parroquia de María Madre del Buen Pastor de Cali, entre gente de mayoría afrocolombiana.

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