Sudán del Sur atraviesa un momento muy delicado en el que se celebran elecciones –fijadas ahora para 2026– y, por tanto, una transición de poder. Hay mucha preocupación porque se prefiere el prejuicio a la escucha, y la violencia a la conciliación, escribió Mons. Christian Carlassare, obispo de Bentiu (Sudán del Sur), en una carta a los amigos el 29 de junio, solemnidad de los Santos Apóstoles Pedro y Pablo.
Christian Carlassare
Les hablaré de unos meses intensos, tanto por las obras que se han puesto en marcha –los pozos, la casa de acogida y algunas clases semi permanentes para la escuela primaria– como por las visitas a las comunidades, la formación de los agentes pastorales laicos, las celebraciones, incluido el centenario de la fundación de la primera misión dedicada a Nuestra Señora del Santo Rosario, y por la reflexión y planificación que vivimos con la asamblea diocesana a finales de mayo.
Al mismo tiempo, sin embargo, Sudán del Sur atraviesa un momento muy delicado en el que se avecinan elecciones –fijadas ahora para 2026– y, por tanto, una transición de poder. Hay mucha preocupación porque se prefieren los prejuicios a la escucha, y la violencia a la conciliación.
Se han sucedido los bombardeos aéreos sobre algunos territorios, golpeando a inocentes con la única culpa de ser administrados por representantes de la oposición. El bombardeo sobre Fangak, por ejemplo, pone de manifiesto la ceguera de quienes comandan tales acciones punitivas. El objetivo previsto era la barcaza militar que las fuerzas de la oposición habían arrebatado al ejército gubernamental. Pero fueron atacados el mercado y el hospital de Msf.

Fangak era la única guardería donde la población, reducida a la extrema pobreza, podía encontrar servicios básicos. Además del hospital, estaba la escuela primaria y secundaria de la misión comboniana tan querida por mí. Ahora el pueblo ha sido evacuado y los misioneros han seguido a la población para mantener viva la última esperanza.
CONSTRUIR LA PAZ
Las palabras del papa Francisco resuenan en mi corazón: “Este es un tiempo propicio para encontrar el coraje para una nueva imaginación de lo posible con el realismo que sólo el Evangelio puede ofrecernos». No tendremos otra oportunidad, sino sólo ésta para seguir imaginando y construyendo la paz. Los bombardeos también han continuado estos días en otras zonas no lejos de Bentiu. Ya no parecen tener una motivación política. Al menos eso es lo que nos quieren hacer creer. De hecho, han alcanzado campamentos de jóvenes pastores que siguen a su ganado. Son jóvenes armados. A veces son un peligro para su propia comunidad porque el rifle les hace capaces de casi cualquier cosa. Se dice que los bombardeos pretenden acabar con la delincuencia y el robo de ganado. Se trata de disuadir.
Pero me pregunto si es el método adecuado. Si no acabará exacerbando la división y la violencia, teniendo en cuenta además que los que hoy bombardean son también responsables de la proliferación incontrolada de armas en todo el país. Me parece que se quiere mantener al país en una dinámica permanente de conflicto y emergencia humanitaria. Este es el imperio del poder. Se da poca importancia a la vida de gran parte de la humanidad. En esta situación se hace urgente una opción: aceptar, no la paz que nos propone el mundo y de la que hacen alarde los poderosos con sus ejércitos, sino el don de la paz que nos propone el Evangelio. Hoy resulta cada vez más apremiante atreverse a la no violencia.
El papa León nos invita a evaluar las causas de los conflictos desenmascarando la retórica, las mentiras y los intereses que se esconden tras ellos. «La gente no puede morir por culpa de las fake news», pero ocurre. El coste humano de un conflicto va mucho más allá de las víctimas directas. El país en conflicto se paraliza. Ya no se camina, sólo se deambula en busca de vida donde no la hay. “Es verdaderamente triste asistir hoy en tantos contextos a la imposición de la ley del más fuerte, en base a la cual se legitiman los propios intereses. Es penoso ver que la fuerza del derecho internacional y humanitario ya no parece obligar, sustituida por el supuesto derecho a obligar a otros por la fuerza. Esto es indigno del hombre, es vergonzoso para la humanidad y para los dirigentes de las naciones”.

El papa León también dijo algo profundamente cierto y es que «nuestras ciudades no deben librarse de los marginados, sino de la marginación; no deben limpiarse de los desesperados, sino de la desesperación». En efecto, me parece que el mundo actual discrimina y condena cada vez más a los pobres, mientras se lava las manos ante la marginación que él mismo ha producido y que es la causa de toda miseria y conflicto. Es fácil hacer de los indigentes el chivo expiatorio de un mundo que, habiendo perdido el norte, está cada vez más desprovisto de esperanza.
PASTORES DE PAZ
Cada vez soy más consciente de que el pueblo y la Iglesia de Sudán del Sur necesitan urgentemente pastores de paz. Y me siento personalmente interpelado. Además de hablar de paz, ¿soy realmente un hombre de paz en las relaciones que vivo primero con mis vecinos y luego con los que están lejos? ¿Sé pedir perdón por mi impaciencia y mis malentendidos? Y en lugar de señalar con el dedo, ¿aprendo a perdonar los errores y malentendidos de mis hermanos y hermanas llevando en mi corazón la carga del pecado para curar las heridas de una comunidad destrozada por la violencia?
De hecho, para resolver los conflictos es necesario superar las relaciones conflictivas empezando por nuestras comunidades. Por ello, la Iglesia puede desempeñar un papel crucial en la educación para la paz de las jóvenes generaciones. En primer lugar, puede hacerlo mediante la denuncia y la profecía: alzando la voz contra la proliferación de armas, el reclutamiento imprudente de jóvenes, la violencia y la injusticia. Y proféticamente dar voz a quienes han optado por la no violencia, especialmente entre los jóvenes, como ejemplo para los demás. Hay que utilizar los medios de comunicación para transmitir mensajes de esperanza e historias de superación de conflictos.
Es importante apoyar las iniciativas de desarrollo humano integral y justicia social fomentando las actividades económicas y el acceso a servicios esenciales como el agua y la sanidad. Pero pienso sobre todo en las escuelas, que no sólo deben instruir, sino educar y formar.
El camino es largo, pero el camino de la paz es el único perseguible que ofrecerá oportunidades de vida a las generaciones futuras. Fraternalmente.
