marzo 14, 2026
“¡La paz sea contigo!”

“¡La paz sea contigo!”

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Por P. Francisco Carrera

Así comienza el mensaje del papa León XIV para la Jornada Mundial de la Paz, celebrada el 1 de enero. Este saludo está dirigido a todos, incluso cuando por miedo cerramos las puertas, como aquella tarde en que el Resucitado se apareció a los discípulos confundidos y sin esperanza. El Papa hace el mismo gesto: devuelve la paz a su lugar más incómodo y auténtico, el corazón humano.

Vivimos rodeados de análisis, discursos e informes mediáticos que insisten en que la guerra es inevitable, en que las políticas armamentistas son necesarias y en que la desconfianza es el camino a seguir. Con frecuencia escuchamos que pensar en la paz sí es necesario, pero hay que alcanzarla venciendo el otro; por lo tanto, prepararse para la guerra se presenta como nuestra responsabilidad. Frente a esta lógica, al principio de este año, León XIV propone algo radicalmente diferente: empezar no con armas ni alianzas, sino con el desarme interno, personal.

La violencia empieza antes de los disparos, mucho antes. Inicia cuando otra persona deja de ser alguien y se convierte en algo, como un estorbo, una etiqueta, una función… y dejamos de escuchar su voz y nos negamos a que su historia y su sufrimiento nos afecte. Por lo tanto, desarmar el corazón es una práctica necesaria, más que una simple metáfora. Tenemos que aprender a mirar de nuevo, escuchar y sentarnos a la mesa con quienes, por distintas razones, preferiríamos no sentarnos.

Por eso el Papa habla de una paz que es, a la vez, desarmada y desarmante. Desarmada porque Jesús vivió desarmado y la paz se basa en la confianza, nunca en amenazas ni en poder. Desarmante porque tiene la capacidad de desmontar la lógica del enemigo y romper la espiral de deshumanización.

Dios se hizo niño. De hecho, el Evangelista nos dice que Jesús nació en Belén bajo el dominio del César Augusto. Este emperador era considerado por los romanos como el gobernante que trajo la paz al mun-
do, la llamada Pax Romana. Incluso se erigió un Altar a la Paz en Roma. Sin embargo, es muy significativo que este altar se alzara en el Campo de Marte, que servía de campo de entrenamiento para el ejército. Augusto estableció la paz con batallas y muros. San Lucas, al escribir el Evangelio, quería señalar que no fue el emperador el que trajo la paz al mundo; fue el niño Jesús, que estaba naciendo pequeño y vulnerable, quien nos la regaló.

La paz, cuando dejamos que habite en nosotros, nos invita a abrir nuestro corazón al otro. Es allí donde nace el perdón no como una debilidad, sino como una decisión difícil, que exige tiempo y paciencia. Pero es también una fuerza capaz de romper el círculo de la violencia.

La paz es un camino que debemos comenzar a andar ya desde hoy mismo.