01.10.2026
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El pueblo afroecuatoriano: entre la riqueza cultural y las desigualdades

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Cada 30 de septiembre, Ecuador tiene una oportunidad para mirar hacia una parte fundamental de su historia, se conmemora el Día Nacional de la Marimba y la Promoción Cultural Afrodescendiente, una fecha que reconoce la riqueza cultural y el aporte de la población afroecuatoriana a la construcción del país.

La fecha también recuerda a Guillermo Ayoví, conocido como “Papá Roncón”, uno de los grandes referentes de la marimba y de la cultura afroecuatoriana. Su música y su trayectoria ayudaron a preservar y difundir una tradición que forma parte de la identidad cultural del Ecuador.

Papá Roncón / Foto de: Taitas y de Mamas / Colorización IA

Pero esta fecha plantea una pregunta que va más allá de la música: ¿cuánto ha avanzado realmente el país en el reconocimiento de los derechos de su población afroecuatoriana?

Según el Censo de Población y Vivienda, 814.495 personas se autoidentifican como afroecuatorianas, el 4,8 % de la población nacional. Es una población diversa, presente en distintas regiones del país y con una historia marcada por importantes aportes a la cultura, la música, la gastronomía, el deporte, la política y la vida social del Ecuador.

Sin embargo, el reconocimiento cultural no necesariamente significa igualdad de oportunidades.

El tema volvió a la agenda pública este septiembre. La Comisión de Garantías Constitucionales de la Asamblea Nacional avanzó en el tratamiento de un proyecto de Ley Orgánica de Reconocimiento y Protección de los Derechos Colectivos del Pueblo Afroecuatoriano. En la discusión se abordaron asuntos como justicia racial, territorio ancestral, consulta previa, educación, empleo, patrimonio cultural, reparación histórica y lucha contra el racismo.

El debate revela que las demandas de la población afroecuatoriana van mucho más allá del reconocimiento de sus expresiones culturales. Se trata también de garantizar derechos y oportunidades.

La cultura afroecuatoriana no está únicamente en la marimba. Está en la memoria de las comunidades, en las tradiciones transmitidas de generación en generación, en la gastronomía, en la música, en las expresiones populares y en las historias de quienes han contribuido a construir el país. También está en la defensa del territorio y en la lucha contra la discriminación.

Existe, por eso, el riesgo de que una sociedad celebre una cultura sin mirar suficientemente las condiciones de vida de las personas que la mantienen viva. La marimba puede llenar un escenario y recibir aplausos, pero esos aplausos no resuelven por sí mismos los problemas relacionados con educación, empleo, vivienda, salud, representación política o territorio.

Los datos sociales muestran que las desigualdades siguen siendo una realidad. Información del Instituto Nacional de Estadística y Censos evidencia diferencias en las condiciones de vida de la población según su autoidentificación étnica. En 2022, la población afrodescendiente presentó niveles de pobreza por necesidades básicas insatisfechas superiores a los registrados entre la población mestiza.

Por eso, hablar de la población afroecuatoriana implica hablar de cultura, pero también de derechos.

Implica preguntarse quién tiene acceso a las oportunidades, quién puede estudiar, quién consigue empleo, quién participa en las decisiones que afectan a su comunidad y quién puede vivir su identidad sin enfrentar discriminación. El reconocimiento de la diversidad cultural es importante, pero no debería ser el punto final. Debería ser el comienzo de una conversación más profunda sobre igualdad y justicia.

El 30 de septiembre puede servir precisamente para eso. Para recordar a “Papá Roncón”, escuchar la marimba y celebrar una cultura que forma parte inseparable de la identidad ecuatoriana, pero también para mirar las realidades que existen detrás de esa riqueza cultural.

Una sociedad verdaderamente diversa no es aquella que celebra sus diferencias una vez al año. Es aquella que garantiza que quienes forman parte de esa diversidad puedan vivir con dignidad, igualdad y derechos.

La marimba seguirá sonando. El desafío está en escuchar también las voces que, detrás de esa música, continúan reclamando reconocimiento, oportunidades y justicia.

Celebrar la cultura es importante. Garantizar derechos es imprescindible.

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