Por: Irina Cevallos / Sin Fronteras Media
Cada 25 de julio recordamos una fecha clave en el calendario de las luchas sociales. En Ecuador, no solo es una conmemoración histórica, sino una plataforma de exigencia política y reivindicación cultural de las mujeres afroecuatorianas.
El origen de esta conmemoración se remonta al 25 de julio de 1992, cuando se celebró en Santo Domingo, República Dominicana, el Primer Encuentro de Mujeres Afrolatinoamericanas y Afrocaribeñas.
En este evento histórico se reunieron más de 300 mujeres de 32 países de la región para visibilizar el racismo y el sexismo estructural que las atravesaba.
El objetivo fue definir estrategias para hacer frente a la discriminación interseccional, la convergencia entre ser mujer y ser afrodescendiente y promover su inclusión en la toma de decisiones.
En el contexto ecuatoriano, la mujer negra no solo ha sido guardiana de la memoria colectiva, la oralidad y la cohesión comunitaria, sino también una fuerza económica activa en sectores agrícolas, urbanos e informales.
A pesar de las garantías consagradas en la Constitución ecuatoriana sobre la plurinacionalidad y los derechos colectivos, la realidad refleja brechas significativas:
Triple discriminación: género, raza y condición socioeconómica ubica a las mujeres afroecuatorianas en situación de mayor vulnerabilidad laboral, educativa y de salud.
Invisibilización de liderazgos: Aunque las mujeres afro han liderado históricamente las luchas por la tierra, los recursos naturales y la defensa del territorio (en regiones como Esmeraldas, el Valle del Chota y zonas periurbanas de Guayaquil y Quito), sus aportes suelen ser soslayados en la narrativa oficial.

En la celebración de esta fecha, el movimiento de mujeres afroecuatorianas plantea una agenda clara centrada en sus aspiraciones fundamentales:
- Acceso equitativo al empleo formal: Exigen la erradicación de los sesgos raciales en los procesos de contratación pública y privada.
- Apoyo al emprendimiento: Demandan políticas de crédito y financiamiento con enfoque de género y pertinencia étnica para fortalecer proyectos económicos locales y comunitarios.
- Justicia con enfoque étnico-racial: Urgen mecanismos institucionales para prevenir y sancionar el racismo y la violencia machista, garantizando el acceso efectivo a la justicia.
- Erradicación del racismo ambiental y territorial: Exigen la protección de sus comunidades frente a la inseguridad, el despojo territorial y la contaminación de sus recursos naturales.
- Implementación efectiva de la Etnoeducación: Aspiran a que los contenidos educativos nacionales visibilicen adecuadamente la historia, aportes y conocimientos de las mujeres afro.
- Acceso a la educación superior: Solicitan becas y cuotas afirmativas para jóvenes afros que faciliten su formación profesional y técnica.
- Participación Política Decisiva
- Demandan mayor presencia real en espacios de poder público, de formulación de políticas y en la Asamblea Nacional, trascendiendo el plano puramente simbólico.
Para la reflexión
El Día de la Mujer Afro en Ecuador es una oportunidad para mirar el futuro desde la justicia restaurativa. Reconocer la resistencia de las mujeres afroecuatorianas implica asumir el compromiso estatal y ciudadano de desmontar los estereotipos y garantizar igualdad de oportunidades reales.
Celebrar esta fecha no es únicamente rendir homenaje a la herencia del pasado, sino respaldar activamente sus aspiraciones de libertad, equidad y dignidad en el presente, como lo hicieron lideresas e íconos como Martina Carrillo (pionera cimarrona y defensora de los derechos de su pueblo en el siglo XVIII), Jonatás Sánchez (compañera de luchas de Manuela Sáenz) o Barbarita Lara (activista y referente del Valle del Chota) forman parte de una genealogía de mujeres ecuatorianas que han resistido el racismo estructural y la discriminación interseccional, alzando la voz por la dignidad territorial y el reconocimiento plurinacional.
Mira el podcast de Afrodescendencias junto a Sonia Viveros P.
