Dos toques de bocina y unos pocos segundos de espera bastaron para que el guardián abriera el portón del Internado Sainte Monique, situado en la ciudad centroafricana de Mbata, en la provincia de Lobaye.
P. Kike Bayo, mccj
Ante nuestros ojos apareció una gran parcela con varios edificios de planta baja y algunos árboles, debajo de los cuales algunos grupos de chicas de diferentes edades charlaban de manera animada. Algunas de ellas reconocieron al volante del vehículo al misionero comboniano Mons. Jesús Ruiz, obispo de Mbaiki, y levantaron sus brazos con energía para saludarle.
Mons. Ruiz me había advertido de que nuestra visita iba a ser corta, por lo que en cuanto me presenta- ron a las cinco religiosas de la comunidad, dos ruandesas y tres centroafricanas, encendí mi grabadora, me colgué al cuello la cámara y comencé a hacer preguntas. La hermana Clémentine, superiora de la comunidad y principal responsable del internado, se ofreció a acompañarme y mostrarme el centro.
Era jueves y las chicas más gran- des estaban en clase, mientras que las más jóvenes parecían disfrutar de un momento de recreo en el patio del centro. Por mucho que miraras el entorno, era imposible encontrar entre ellas una cara seria. Me acerqué a una de las chicas, Janice, para preguntarle por qué es- taba en el internado y su respuesta me gustó mucho: «Para estudiar y convertirme en alguien que sea útil a la sociedad». Ante la firmeza de sus palabras, comprendí que era un mensaje muy bien interiorizado que expresaba con convicción.
UN PROYECTO PARA PALIAR UNA DEFICIENCIA
El centro nació en el año 2012 por pura necesidad. Las religiosas dominicas y el entonces obispo de la diócesis de Mbaiki, el comboniano italiano Mons. Guerrino Perin, eran conscientes del bajo porcentaje de escolarización en la República Centroafricana, que en algunas provincias apenas alcanza el 50 % de la población, pero sobre todo les dolía la gran discriminación que sufren las niñas, que no disponen de las mismas oportunidades que los niños para estudiar. Todo ello los llevó a poner en marcha un internado para chicas donde ofrecerles una formación de calidad. «Nuestra mentalidad cultural empuja a las chicas a quedarse en casa para ayudar a sus madres en lugar de ir a la escuela», se lamentaba la Hna. Mbanga, «y nosotras no podemos aceptar una actitud que frena a las chicas y les impide ir adelante con sus vidas». También las palabras de la religiosa sonaban con mucha convicción.
Los comienzos del proyecto tuvieron la humildad como principal seña identitaria. El primer año fueron cuatro las chicas acogidas, al año siguiente eran ya ocho y, poco a poco, gracias al apoyo de diferentes organizaciones y del propio Mons. Jesús Ruiz, el Internado Sainte Monique ha ido creciendo de manera constante. En la actualidad, para el curso 2025/2026, las instalaciones del centro acogen a 170 chicas de entre 7 y 16 años, aunque tiene capacidad para unas 200.
SISTEMA EDUCATIVO
Nueve profesores, ocho hombres y una mujer, son los encargados de impartir las clases. Las religiosas dominicas prestan un especial cuidado en el proceso de selección del personal docente. Se les exige que preparen bien sus clases y que den buen ejemplo, pero, además, la Hna. Clémentine indica que, «en diálogo con ellos, se les ha pedido que no faciliten las cosas, que sean exigentes a la hora de evaluar, porque aquí la gente ama la facilidad». Ella misma es profesora e imparte Geografía e Historia tanto en el internado como en la escuela pública de Mbata. En toda la provincia de Lobaye solo hay 13 mujeres profesoras en Primaria, mientras que los hombres son centenares.
Una de las primeras chicas en matricularse en el internado hizo en 2025 su primera profesión religiosa como dominica y otras tres jóvenes han llegado a la universidad. Dos están matriculadas en segundo de Medicina y la otra comenzó este curso la licenciatura de Geografía e Historia. «Para nosotras son el orgullo del internado. Seguro que en 20 años o menos habrá chicas salidas de aquí que se habrán convertido en personas influyentes que ayudarán a desarrollar nuestro país», comenta la Hna. Clémentine.
FORMACIÓN HUMANA Y ESPIRITUAL
Además de la académica, las dominicas se preocupan mucho por la formación humana y espiritual de las internas. Todas siguen el curso de Educación a la Ciudadanía que imparte la Hna. Mbanga, así como también una formación específica sobre vida y amor. «Sorprende la ignorancia con que las chicas llegan al internado en materia de sexualidad, por ejemplo la cuestión de la menstruación es un tabú. Como sus padres no les explican nada, tienen que informarse con sus amigas. Aquí intentamos darles una formación seria en estos aspectos tan importantes», señala la superiora. A ello se añaden las prácticas para aprender a hacer la colada, cocinar, arreglar la cama y la ropa y saber presentarse y comportarse delante de los adultos.
En un lateral del centro, algunas de las chicas cultivan una pequeña huerta donde crecen legumbres, verduras y frutas, y alrededor de la cual deambulan algunas gallinas camperas. Este servicio ayuda a las chicas a aprender a trabajar la tierra, además de producir alimentos que sirven para el consumo interno. Lo mismo sucede con la cría de unos pocos corderos aunque, como señala la superiora, la falta de medios no les ha permitido desarrollar más esta actividad ganadera.
Con respecto a la formación espiritual, las clases de Religión están aseguradas por un sacerdote de la parroquia. Si bien algunas de las chicas son protestantes e incluso musulmanas, sus familias fueron advertidas antes de matricularse de que el internado ofrece solo formación católica. Todas las internas deben seguir la clase de Religión y están invitadas a participar en los momentos de oración comunitaria. Además de las eucaristías dominicales, cada día se reza el rosario junto a la gruta de la Virgen, situada en un rincón de la parcela, y los domingos dedican 30 minutos a la adoración silenciosa del Santísimo Sacramento.
LA VIDA DENTRO DEL INTERNADO
A escasos 400 metros del internado se encuentra la Parroquia Saints Pierre et Paul, en Mbata, donde las chicas acuden a misa algunos domingos. Cuando es posible, un sacerdote viene al centro para celebrar la eucaristía. Estas ocasionales salidas dominicales y las visitas al dispensario médico en caso de necesidad son las únicas oportunidades que las chicas tienen para salir del centro. Ni siquiera están previstos paseos lúdicos los fines de semana, de manera que toda la vida de las internas se desarrolla en el reducido espacio del internado.
El centro no dispone de sala de televisión y las chicas no pueden tener teléfono móvil, pero cada sábado de 15 a 17 horas se organiza una sesión de danza tradicional, cantos y pequeños teatros donde las internas disfrutan a lo grande. Ese día, pero también el domingo, las religiosas abren el pequeño almacén de las sorpresas donde se guardan los aperitivos, las patatas fritas y los caramelos que los padres traen para sus hijas y que son distribuidos para alegría de todas.
El portón se volvió a abrir cuando Mons. Jesús Ruiz y yo montamos en el coche para seguir nuestro viaje hasta Mongoumba. Al igual que a nuestra llegada, salimos del internado acompañados por los saludos alegres de las chicas y de las religiosas que las acompañan y educan.
Por: P. Kike Bayo, mccj
