08.09.2026
El coraje de decir si: Fe, misión y juventud. Diálogo con Alexander Angulo

El coraje de decir si: Fe, misión y juventud. Diálogo con Alexander Angulo

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Escolástico comboniano, Alexander Angulo habla de la vocación misionera sin romanticismos: como una apuesta concreta por estar donde pocos quieren ir, acompañar el sufrimiento humano y encontrar en el servicio una forma de felicidad.

Por: Redacción Sin Fronteras Media | Formato: Entrevista / Podcast

Alexander Angulo creció en Esmeraldas. Estudió Ingeniería Mecánica. Trabajó en Termo Esmeraldas. Y en algún punto de ese recorrido —entre lecturas bíblicas de los martes, catequesis en los barrios y visitas a la cárcel— algo se fue haciendo cada vez más claro: quería dedicar su vida a los demás. Hoy es escolástico de los Misioneros Combonianos y está a punto de culminar su proceso de formación sacerdotal. Con él conversamos sobre los jóvenes, la fe y el sentido de una vocación que no se encierra en sí misma.

La situación de los jóvenes: incertidumbre con nombre y dirección

La conversación comienza en el territorio. Alexander describe la realidad de los jóvenes en Ecuador —y en Esmeraldas en particular— sin eufemismos: inseguridad, incertidumbre laboral, miedo. Pero también algo más: la parroquia y el espacio comunitario siguen siendo, en muchos casos, un lugar de esperanza real. No de resignación, sino de personas que deciden entregarse a construir algo mejor.

Para entender por qué cada vez hay menos jóvenes en las iglesias, cita a Mario Vargas Llosa: el impulso religioso no ha disminuido tanto como el que implica compromiso. Crecen espiritualidades sin exigencias éticas, diseñadas para adaptarse a quien las elige. Lo que escasea, dice Alexander, no es la búsqueda de sentido —sino la disposición a que esa búsqueda te cambie.

«El impulso religioso no ha disminuido tanto, sino el que implica compromiso. Crecen espiritualidades que no demandan mucho. Lo que escasea es la disposición a que la búsqueda te cambie.»

Alexander Angulo — Escolástico comboniano

¿Cómo nace una vocación? Del contacto, no de la teoría

La vocación, dice Alexander, no tiene secreto. Nace igual que el enamoramiento: del contacto. De ver personas que hacen algo que vale la pena e ir haciéndose preguntas. En su caso, fue la catequesis —el primer servicio directo, donde lo que uno aprende se comunica en carne propia— y la visita a la cárcel, donde la constatación del sufrimiento humano dejó de ser abstracta.

Cuando tenía 18 años quería ingresar al seminario. Su director espiritual le dijo que era muy joven: que fuera a la universidad, que estudiara, que si la vocación era de Dios, no se perdería. Así fue. Terminó sus estudios, trabajó, tuvo una relación de pareja. Y el llamado volvió, recurrente, como algo que no se podía ignorar.

«La vocación es como un impulso interior recurrente. Aunque uno intente pensar otra cosa, la idea está ahí. No desaparece.»

Alexander Angulo

¿Por qué los Misioneros Combonianos? Ir donde pocos quieren ir

La pregunta no tiene una respuesta complicada. Alexander lo explica con una observación geográfica: si uno mira el mapa de Ecuador, los combonianos no están en el centro histórico. Están en Borbón, en San Lorenzo, en Carapungo, en Las Malvinas. Están en las periferias. Y eso, desde el principio, fue lo que él quería.

La figura de Daniel Comboni —que rescataba esclavos, defendía a los más vulnerables aunque eso le costara prestigio como obispo, y apostaba por formar líderes en los propios territorios bajo la máxima «salvar África con África»— terminó de definirlo. Al llegar a la casa de los combonianos en Quito, vio un cuadro con los mártires de la congregación. «Ah, la cosa es seria», pensó. Y eso, lejos de frenarle, le convenció.

A su juicio, «santos y capaces» —la máxima de Comboni— no es una fórmula piadosa. Es una exigencia concreta: sensibilidad ante el sufrimiento humano, y formación para ofrecer respuestas reales. «En la universidad nos forman para resolver problemas técnicos, no problemas humanos», dice. Esa brecha es justamente lo que la vocación misionera intenta salvar.

«La pobreza también tiene color de piel y tiene situación geográfica. Los combonianos están donde hay poco, donde pocos quieren ir. Eso siempre lo tuve claro.»

Alexander Angulo

Compromiso ético y social: una vocación que mira al mundo

El diálogo también va al hueso de una pregunta incómoda: ¿puede la Iglesia, con su historia, acomodarse y olvidar el servicio al prójimo? Alexander no evita la respuesta. Sí puede. Y pone como ejemplo la encíclica del papa León XIV, que reconoce que la Iglesia no solo tardó en denunciar la esclavitud, sino que en ciertos momentos la favoreció. «La tentación de relajarse siempre está ahí —dice—. Por eso la mirada fija en Jesús no es un gesto piadoso; es el único antídoto real.»

Sobre las nuevas periferias —el extractivismo, los derechos de los pueblos originarios, la ecología integral—, cuenta cómo los misioneros combonianos responden con pastorales concretas: Afro, Indígena, Justicia y Paz. En Arequipa – Perú, antes de volver a Ecuador, acompañó catequesis con obreros coordinando horarios imposibles. La apuesta no es entre mística y acción social: es entender que sin espiritualidad, la acción se vuelve puro activismo, y que sin acción, la espiritualidad se vuelve evasión.

La alegría de servir: referencias que los jóvenes necesitan

Al final, Alexander hace una reflexión que atraviesa todo lo anterior: los jóvenes necesitan referencias de adultos felices. Cuando un psicólogo en Brasil preguntó a un niño de favela qué quería ser de grande y respondió «capo de la banda», no era maldad —era que esa era la única figura de adulto que parecía exitoso y pleno en su entorno. «¿Qué referencias estamos ofreciendo?», pregunta Alexander. ¿Solo futbolistas, cantantes, narcos? ¿O también Comboni, don Bosco, Luther King, Mandela?

El mensaje que deja para los jóvenes no es romántico. Es lúcido: ninguna vida es fácil, la vocación y el miedo conviven, y la felicidad no es la ausencia de dificultad sino la certeza de que aquello que haces tiene sentido. Como dice San Juan de la Cruz en el poema que él mismo cita: avanzar «sin otra luz ni guía, sino la que en el corazón ardía».

«Tengan pasiones. Y desde esas pasiones, vean lo que Dios les pide. Luego respondan sin miedo, aunque el miedo y la vocación conviven.»

Alexander Angulo, ESCOLÁSTICO COMBONIANO
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