mayo 1, 2026

NUESTRA HISTORIA

La Familia Comboniana es una comunidad de personas que nace en torno a la figura de un misionero, San Daniel Comboni. Un hombre nacido hace casi dos siglos, el 15 de marzo de 1831, en un pequeño pueblecito a orillas del lago de Garda, Limone, en Italia.

Desde Limone sul Garda, Daniel partió para estudiar en Verona, en el Instituto de Don Mazza, y para comprender, con una visión de futuro aún no apagada, cómo un continente lejano, como África, tenía la necesidad de emprender un camino que partiera de sí mismo, de su gente, desde entonces y aún hoy, saqueada de sus riquezas naturales y humanas.

Daniel invocaba entonces una misión y una Iglesia capaces de unir fuerzas para salvarse, con la salvación de África, de sus pueblos y, por tanto, de sí misma. El mismo anhelo que mueve hoy a la Familia Comboniana.

Comboni sabe que la primera herramienta para la salvación es la educación y se dedica ante todo a la formación de maestros y artesanos, así como de catequistas, religiosas y sacerdotes, para que cada persona, dentro de su propia comunidad, encuentre su manera de vivir el Evangelio, la cercanía y el compartir.

Así nace el embrión de un movimiento misionero que reúne a religiosos y laicos, hombres y mujeres, autóctonos y no autóctonos, capaces de compartir necesidades e intereses, en la complementariedad de un objetivo que parte de la conciencia de que cada persona se salva si todos se salvan, que cada persona puede llegar a ser lo que es si los demás tienen la misma posibilidad.

Un proyecto de humanidad que no se limita al continente africano, sino que extiende su huella a toda Europa, que debe conocer esa tierra entonces lejana y contribuir a la salvación. Comprendiendo la importancia no solo de la formación, sino también de la información, Comboni piensa en una revista: «Gli Annali del Buon Pastore» (Los Anales del Buen Pastor).

Es una época lejana, la de Daniel, una época de trata de esclavos, de grandes discriminaciones basadas en el color y en las diferencias religiosas. Por eso, Comboni comprendía la necesidad de unir los mundos del saber de entonces, el mundo civil, cultural y político, tendidos hacia una causa común. Su sueño transcendió el tiempo, su sueño sigue siendo actual, no solo porque se ha cumplido la frase que él mismo pronunció: «Yo muero, pero mi obra no morirá», sino porque aún hoy vivimos una época de esclavitud y de pensamientos de supremacía.

Hombres y mujeres capaces de ampliar los horizontes geográficos de ese sueño, abriéndose a servir a los más pobres y abandonados que decía Comboni, presentes tanto en África como también en Europa, América y Asia; en esos lugares fronterizos, en las periferias de un mundo global que se declina como Casa común, esa Casa que la Familia Comboniana habita en cada lugar donde vive su cotidianidad.Les presentamos, pues, nuestra Familia, una Familia que sigue las huellas de San Daniel Comboni, con la esperanza de que quieras formar parte de un conjunto de personas que va más allá de estar físicamente en el mismo lugar haciendo las mismas cosas, lo que significa compartir y acoger mutuamente la riqueza que reside en la singularidad de cada persona, donde la diversidad del otro se convierte en un don que nos ayuda a comprender mejor nuestra propia identidad.