abril 19, 2024
HAITÍ, Crisis humanitaria

HAITÍ, Crisis humanitaria

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Situación actual.-

La gran crisis humanitaria se está produciendo en la capital Puerto Príncipe, donde la gente vive encerrada en sus casas desde mediados de febrero y más de 350 mil personas han tenido que abandonar sus hogares y se encuentran desplazadas internamente.

Los servicios sociales están paralizados: las escuelas están cerradas, los hospitales funcionan a menos del 50% de su capacidad y uno de los principales hospitales de la ciudad, el San Francisco de Sales, ha sido saqueado por bandas y gran parte del equipamiento ha sido destruido. Hay falta de comida y de agua; las calles principales, mercado ambulante donde la gente hacía su comercio diario, están ahora semidesiertas. Hay quienes intentan llevar comida a Puerto Príncipe desde las otras Provincias, pero es difícil que llegue a la población pues las bandas armadas mantienen el control de la entrada a la ciudad.

COMUNIDAD INTERCONGREGACIONAL MISIONERA CIM – HAITI

Hay mucho miedo y angustia entre la gente que ve destruidos e incendiados sus hogares. Las bandas atacaron las Comisarías de Policía e irrumpieron violentamente en las dos principales cárceles de la capital dejando salir a un total de más de 4000 presos y luego la Penitenciaría Nacional fue incendiada.

Para intentar impedir que el primer ministro regresara al país incluso atacaron el aeropuerto internacional Toussaint Louverture. Actualmente los accesos al país están cerrados, tanto por vía aérea y marítima. En las fronteras terrestres hay más control y restricciones. Parece que la única frontera en la que hay relativa calma es la de Anse-a-Pitres en Haití con Pedernales en República Dominicana, en el extremo sur del país, donde prácticamente vivimos.

Causas por las que creemos se llegó a esta situación.

Entre las causas más recientes que han llevado al país a este estado de emergencia se encuentra la resistencia del primer ministro Ariel Henry a dimitir de sus funciones. Él debía terminar su mandato el 7 de febrero, mandato que comenzó el 7 de julio de 2021 tras el asesinato del Presidente Jovenal Moïse.

Durante estos dos años y medio debió preparar las elecciones políticas, cosa que no lo hizo debido a la inestabilidad del país, según afirmó. Otra causa inmediata fue la decisión de la comunidad internacional en octubre pasado de enviar a Haití una fuerza armada, encabezada por Kenia, que combatiría a las bandas. La reacción de la mayoría de la población fue negativa, ya que se tiene el convencimiento de que Haití no necesita una fuerza armada extranjera en este momento. Sin embargo, hay causas más remotas y son las que a nuestro juicio tuvieron mayor impacto en crear esta emergencia en Haití: mientras Jovenal Moïse aún era presidente del país, las pandillas comenzaban a sembrar el terror entre la gente, pero no se tomaron medidas serias contra estos grupos armados. De hecho, está demostrado que muchos de los políticos de turno los han apoyado procurándoles armas y así, actualmente las pandillas son mucho más fuertes y están mejor equipadas en términos de armas que la policía nacional.

Además, la inestabilidad provocada por las bandas armadas ha convenido a muchos a nivel internacional para lograr grandes intereses ya que Haití representa un punto estratégico para el narcotráfico, hay presencia de materias primas esenciales para el desarrollo de las tecnologías de las comunicaciones y el desorden facilita la trata de personas, especialmente de niños.

No hay duda que la falta de control facilita diversas formas de explotación. En la búsqueda de las causas podemos ir mucho más allá y remontarnos al terremoto de 2010, que puso al país en un estado de emergencia del que nunca pudo recuperarse plenamente. Lamentablemente todavía hay desplazados internos desde el terremoto, pero los nuevos provocados por la crisis actual ha acrecentado el número. Se cree que hay más de 350.000 y se estima que entre ellos 180.000 son niños desplazados por esta situación de caos en que Haití vive actualmente.

Reacción de la población.

Las personas llevan mucho tiempo viviendo con miedo, con la angustia de un día ver secuestrado a uno de sus familiares y obligado a pagar grandes sumas de dinero por su rescate, dejando a la familia en extrema pobreza por el resto de su vida. Desde hace algún tiempo, las personas se ven obligadas a desplazarse continuamente, buscando lugares más seguros donde refugiarse dentro del país y, quienes pueden y se arriesgan, saliendo fuera de Haití, generando una auténtica hemorragia migratoria. Nuestra propia comunidad CIM vivía en Kwadebouké, cerca de Puerto Príncipe, y tuvimos que mudarnos ya en el 2021 debido a la inseguridad que reinaba en la capital y sus alrededores. En la gente, en general, hay una falta de confianza generalizada en las instituciones. Ya no cree en sus líderes políticos y ni siquiera cree en su propio país. Muchos piensan que ahora la única solución es buscar una vida fuera de esta realidad.

Ayuda humanitaria frente a esta crisis.

Parece que hasta la fecha no ha llegado ninguna ayuda. La frontera abierta a la que estamos cercanas es la de Pedernales, por donde hoy hemos visto pasar unos coches de Médicos Sin Fronteras. Según noticias escuchadas, los primeros auxilios han llegado en Barahona en RD, y serán transportados a la capital haitiana que está a 140 kilómetros de esta frontera. Pero tenemos serias dudas de que la ayuda pueda llegar a la gente, con las bandas que prácticamente tienen el control del 90% de la ciudad. Sin embargo, la intervención de la comunidad internacional nos deja muy decepcionadas, porque vemos que no intervino durante años mientras la situación se deterioraba cada vez más. El Primer Ministro Ariel Henry ha gobernado el país en un diálogo estrecho y constante con Washington y en más de dos años no se ha hecho nada para conducir al país hacia elecciones políticas libres y democráticas. En cambio, se dejó vía libre para el ingreso de armas modernas y sofisticadas que ahora son la fuerza de las bandas y el terror de la población. Y quieren intervenir con fuerza militar y ayuda que una vez más creará dependencia y una sensación de humillación e impotencia para el país. La comunidad internacional debe recuperar la autonomía necesaria respecto de los intereses particulares de algunos Estados para poder ejercer su verdadera misión.

Papel de la Iglesia

La iglesia haitiana ha sufrido diversos ataques: saqueos, secuestros de sacerdotes, religiosos y religiosas. Varias comunidades religiosas, agotadas por el miedo y los ataques, han tenido que abandonar con gran dolor sus misiones y cerrar los preciosos servicios que ofrecían a la población.

Muchos otros se han quedado y es encomiable la fuerza de tantos párrocos, obispos y sobre todo de religiosos y religiosas que permanecen al lado de su pueblo y, con el pueblo, tratan de sobrevivir y hacen todo lo posible para reconstruir cada día un mínimo de normalidad de vida para dar esperanza a la gente.

La Conferencia Episcopal emitió algunas declaraciones, breves pero claras, sobre la posición de la iglesia condenando la violencia de las pandillas y apoyó a la gente que se manifestaba para exigir la renuncia del primer ministro. En particular, Mons. Dumas desempeñó un papel importante al intentar facilitar el diálogo entre los diferentes partidos políticos, pero lamentablemente sufrió un atentado el 18 de febrero, en vísperas de una importante reunión entre los principales actores políticos en un intento de resolver la crisis a través del diálogo. Una explosión provocada en la casa donde vivía hirió gravemente al obispo y bloqueó por el momento su acción.

Nuestra presencia como Comunidad Intercongregacional

Como comunidad intercongregacional, estamos presentes en Haití desde el 2010, cuando la vida religiosa femenina de América Latina tuvo la iniciativa de formar una comunidad intercongregacional para responder al clamor de Dios presente en la gente abrumada por el terremoto. Durante varios años trabajamos con el servicio jesuita para refugiados, desplazados y migrantes. Desde 2021, tras el aumento de la violencia y los secuestros perpetrados por bandas armadas, especialmente en la capital Puerto Príncipe, la comunidad se trasladó al sureste del país, en la frontera con la República Dominicana, a la localidad de Anse a Pitres, una de las zonas más pobres de Haití. Somos tres hermanas, de tres congregaciones diferentes, y vivimos en el barrio llamado «Refugiados», barrio creado por haitianos deportados de la República Dominicana y que antes vivían en campamentos. Estamos a 10 minutos de la frontera con este país, que aplica políticas migratorias cada vez más restrictivas contra los haitianos. Es así que cerca de medio millón de haitianos fueron repatriados a su país desde la República Dominicana en el 2023. Los motivos que impulsan a los haitianos a cruzar la frontera son diversos, pero se relaciona principalmente con la búsqueda de trabajo y la práctica del comercio, así como con la situación de inestabilidad política y violencia que vive el país desde hace años.

Muchas veces se atenta contra los derechos humanos elementales de las personas deportadas y aquí, concretamente como CIM, sentimos la necesidad de humanizar las fronteras. Como comunidad, nuestra primera misión es crear una presencia acogedora, cercana a la gente: vivimos nuestra vida cotidiana con sencillez, dejando nuestra casa abierta para todos los que pasan y buscan establecer contacto con nosotras, aunque sólo sea pidiendo un vaso de agua aquí donde se siente mucho el calor. Nuestra vida comunitaria hecha de trabajo, servicio mutuo, oración personal y comunitaria, quiere ser una presencia de paz entre la gente y de intercesión: en nuestra oración diaria invocamos el don de la paz sobre este pueblo, el fin de la violencia, de la injusticia, ¡y pedimos a Dios que no se olvide de Haití!

También realizamos actividades más estructuradas en lo que se refiere al acompañamiento de grupos de mujeres que diariamente cruzan la frontera de la República Dominicana en busca de trabajo para la supervivencia de sus familias y se ven expuestas a ser deportadas por carecer de documentación Con ellas llevamos a cabo proyectos de microcrédito para favorecer el mercado local y reducir la migración diaria a la República Dominicana donde sufren mucha discriminación. También, como la mayoría de ellas son indocumentadas, se está llevando adelante un proyecto de regularización de su documentación que les permitirá transitar legalmente por la República Dominicana y evitar la deportación forzosa.

Otra realidad que constatamos es que hay muchos niños que se quedan solos en casa todo el día y, algunos incluso durante toda la semana, mientras sus madres trabajan en la República Dominicana internas en familias en el servicio doméstico. Para ellos, por las tardes, organizamos actividades educativas en nuestra casa, actividades de refuerzo escolar y, sobre todo, ofrecemos nuestra presencia y un lugar protegido donde se sienten seguros y menos solos. Pero, desgraciadamente, hay muchos niños que siguen a sus madres mientras ellas están trabajando y se pasan todo el día en la zona fronteriza pidiendo ayuda y corriendo el riesgo de desaparecer ya que el tráfico de menores entre Haití y la República Dominicana es, lamentablemente, floreciente e incontrolado. Es un desafío que nos preocupa profundamente.

Flujo migratorio que aumenta.

Debido a la violencia y la inestabilidad, el flujo migratorio ha aumentado considerablemente. Somos testigos de la fuerte presencia de haitianos en República Dominicana donde generalmente trabajan en la agricultura, particularmente en las plantaciones de caña, las mujeres en el servicio doméstico y como sucede con la mayoría de los migrantes en el mundo, todos realizan los trabajos más pesados ​​que los nacionales no quieren hacerlo, les pagan mal, casi todos trabajan irregularmente y sin contrato. Son pocos los haitianos que tienen documentos y por lo tanto casi todos son inmigrantes en condición de irregularidad en República Dominicana, siempre viviendo y trabajando con riesgo de deportación.

Mientras Haití atraviesa una emergencia humanitaria, la República Dominicana continúa deportando haitianos a su país, incluidas mujeres embarazadas y niños. También aquí el vínculo entre migración y trata de personas es muy fuerte, especialmente los niños son muy vulnerables, pues al no están protegidos cruzan la frontera sin compañía y sin control.

Esperanza ante posibles cambios.

No podemos perder la esperanza. Oramos mucho y el pueblo ora también. Creemos que Dios escuchará el clamor de este pueblo. Estamos convencidas que el suyo “no es un dolor de agonía sino de parto”, como dice el Papa Francisco en su mensaje para la Cuaresma de este año. Pero la situación es muy difícil. Nos parece que estamos tocando fondo. Esperamos que, a partir de ahí, el pueblo haitiano al igual que la comunidad internacional, pueda hacer surgir resurgir una nueva conciencia y sobre todo el deseo de construir el bien para el pueblo sufriente y pobre y no buscando solo intereses personales llenos de egoísmo y ambición.

Anse-a-Pitres, 18 de marzo 2024

COMUNIDAD INTERCONGREGACIONAL MISIONERA CIM – HAITI Frontera Anse-a-Pitres- Pedernales
Luigina Coccia, Misionera Comboniana  
María del Carmen Santoyo G., Maestra Católica del Sgdo.Corazón
Clemencia Rodríguez H., Mercedaria Misionera

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