junio 12, 2024
TAIWAN: LA GENTE ME ENSEÑA A SER MISIONERO.

TAIWAN: LA GENTE ME ENSEÑA A SER MISIONERO.

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El Padre Eduardo Antonio Revolledo Villanueva es un joven Misionero Comboniano de Lima, Perú. Se encuentra en Taiwán y comparte su historia vocacional y su servicio misionero en el continente asiático.

P. Eduardo Antonio Revolledo

Para hablar de mi vocación, tengo que recordar mi experiencia en la parroquia comboniana “Cristo Misionero del Padre”, ubicada en las afueras de Lima, Perú. Desde niño y adolescente participé con gran entusiasmo en los grupos de monaguillos, liturgia, catequesis y jóvenes. Siento que mi vocación a la vida religiosa misionera nació del contacto que tuve con los Misioneros Combonianos que conocí allí.

Me impresionó mucho su testimonio de vida y, sobre todo, su cercanía a la gente. Eran sacerdotes “con olor a oveja”, como dice el papa Francisco. Servían a la gente pobre con gran dedicación, esforzándose por ser signo de un Dios cercano. Esto fue lo que me llamó la atención y me motivó a querer ser misionero.

Animado por el testimonio de los Misioneros Combonianos, inicié un camino de discernimiento más profundo para descubrir lo que Dios quería para mí. Con muchos miedos y dudas, pero con la convicción de que Dios me acompañaría. En 2008 entré en el postulantado de los Misioneros Combonianos, la primera etapa de formación a la vida religiosa, y empecé a estudiar filosofía.

Fue una experiencia muy posi tiva y pude compartir mis inquietudes vocacionales con jóvenes peruanos y chilenos que tenían los mismos ideales y querían ser misioneros. Luego me fui a México por casi dos años para continuar mi proceso de formación. Fue la primera vez que salí de mi país y tuve una experiencia internacional. En ese período, reafirmé mi deseo de seguir a Jesucristo y dedicar mi vida a la misión según el carisma de los Misioneros Combonianos. Por lo tanto, en 2014 hice mis primeros votos religiosos.

Para realizar mis estudios teológicos, mis superiores me destinaron a Kenia. Estuve en el país del este de África casi cuatro años. Ir a otro continente y aprender nuevos idiomas fue, sin duda, un gran reto para mí. Como misionero, era necesario abrir mi mente y mi corazón, fortalecer mi voluntad y determinación para aprender de la gente y conocer su cultura y sus costumbres. El intercambio diario con los kenianos me ayudó a confirmar mi vocación a la vida religiosa misionera.

ASIA – TAIWÁN

Tras terminar mis estudios en Kenia, me destinaron a Asia. Pasé el primer año en Vietnam estudiando el idioma y luego vine a Taiwán para aprender chino. Allí entregué mi vida por la misión con la con sagración perpetua a Dios y la ordenación diaconal en la parroquia comboniana que atendemos en las afueras de la capital, Taipei. Posteriormente, regresé a Perú donde fui ordenado sacerdote para el servicio del pueblo de Dios. Actualmente sirvo como párroco en una parroquia en las afueras de la ciudad donde viven los Misioneros Combonianos en Taipei (Taiwán).

Los misioneros Combonianos iniciaron su presencia evangelizadora en Taiwán en 2002, centrándose en la primera evangelización, el nuncio del Evangelio, la formación en la fe y el acompañamiento de los catecúmenos, al tiempo que realizaban algunos otros trabajos pastorales y de promoción social. En general, dieron prioridad a un espíritu de estrecha colaboración con la Iglesia local. Sin dejar de ser un pequeño grupo de misioneros dispersos en varios frentes de la misión, hay un gran compromiso y entusiasmo para llevar a cabo nuestras diversas obras dando visibilidad también a la pasión de San Daniel Comboni por difundir la fe y servir a los más pobres, tanto material como espiritualmente hablando.

La parroquia es pequeña porque el porcentaje de católicos en la región es bajo, pero la comunidad cristiana es animada y muy entusiasta en la expresión de su fe. La parroquia es muy peculiar, pues acoge a inmigrantes vietnamitas y a personas procedentes de China continental, Hong Kong y Taiwán. Es un lugar verdaderamente multicultural, donde la fe es el punto de encuentro y de unión. En la parroquia llevamos a cabo diversas tareas pastorales, como el acompañamiento de grupos de niños y adolescentes, la atención a inmigrantes, la pastoral indígena, la visita a familias y los cursos bíblicos.

Sin embargo, como nuestra parroquia está al lado de un hogar para enfermos de lepra, ofrecemos nuestro servicio como voluntarios y los atendemos con mucho cariño, aunque la mayoría de ellos no son cristianos. Es una hermosa oportunidad para el encuentro interreligioso y el diálogo con nuestros hermanos budistas y taoístas.

Normalmente, tendemos a pensar que los misioneros son los que enseñan a la gente sobre Dios. Sin embargo, teniendo en cuenta mi corta experiencia en Vietnam y Taiwán, creo que es todo lo contrario. Es la gente con la que me encuentro la que, en su sencillez, me revela el rostro misericordioso de Dios. De hecho, son ellos los que me enseñan a ser un sacerdote misionero, animándome a ser una persona cercana, dispuesta a aprender día a día de ellos, que comparten conmigo su cultura, su fe y su experiencia con nuestro dios que es amor y está presente en sus corazones.

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